espacio de acompañamiento pedagógico

ESPACIO DE ACOMPAÑAMIENTO PEDAGÓGICO




El Roure es un espacio de encuentro y acompañamiento entre familias, con hijos entre los 3 y 16 años, y un equipo pedagógico alrededor de la experiencia de la crianza infantil. Este acompañamiento tiene dos vertientes: por una parte un ambiente respetuoso y rico en vivencias para los niños y niñas en un contexto colectivo y por otra parte una comunicación con las madres y padres que invite a la observación, la percepción sensible y la reflexión para apoyar y enriquecer la experiencia de crianza de los hijos.

Partimos de que es necesario revisar la idea de escuela que mayoritariamente hemos conocido y que impera. Hay un eje y una dirección en el camino de búsqueda de nuestra experiencia de acompañamiento: cuidar la esencia del espíritu infantil. La mirada original de los niños está iluminada por el deseo de ser y de aprender, pide un amplio margen de autonomía y una estrecha relación con los adultos. El verdadero aprendizaje se da a partir del impulso de cada niño y es fruto del diálogo continuado entre su interior y el exterior. Es una dinámica intrínseca al hecho de estar vivos, es por eso que aprendemos en todo lugar y momento y con todas nuestras capacidades implicadas. Sin embargo esta dinámica de aprendizaje continuo puede ser favorecida y alimentada o dificultada y adormecida.






Nuestra propuesta pretende ser una experiencia dirigida a acompañar la globalidad del crecimiento del niño sin sobrevalorar un aspecto sobre otros: su mundo emocional, sus aprendizajes culturales, su capacidad de reflexión, expresión y comunicación con los demás, la consciencia de sí mismo y del otro, su desarrollo motriz, su creatividad, etc. Pretendemos respetar el ritmo y la manera de cada niño y niña en lugar de determinar desde fuera el qué, el cómo y el cuándo en este proceso de crecimiento. Proponemos que la madre y el padre asuman el derecho y la responsabilidad básica en este acompañamiento, en lugar de la actitud de delegar en los profesionales de la educación y en la escuela una parte fundamental de su función. Se trata de disolver fronteras entre el ambiente de casa y el de la escuela en cuanto a las posibilidades de experiencias de aprendizaje. Cada espacio aporta su peculiaridad pero ambos están interrelacionados, de manera que los niños y niñas vivan sus procesos de aprendizaje como un continuo coherente. En este sentido queremos que El Roure sea un espacio pedagógico habitual y cercano pero no exclusivo, en el que hay otros adultos y experiencias que no se dan en casa pero en el que madres y padres desean y pueden participar.




La propuesta incluye que la madre y el padre decidan cual es la medida adecuada de la asistencia a El Roure en función de la necesidad de su hijo o hija, no sólo en la primera fase de integración, sino en todo momento.

El proyecto implica integrar los aprendizajes académicos en la vida familiar como cualquier otro aspecto de la realidad que se ofrece a los niños. Entendemos que es una experiencia enriquecedora y gratificante para cualquier adulto, ya que implica hacerse partícipe de la curiosidad de los propios hijos e hijas, atenderla y acompañarla en toda su dimensión.

Concebimos El Roure como una experiencia viva, es decir, en un proceso continuo de transformación. Es sin duda un sistema con una identidad establecida definida por compartir un proyecto pedagógico determinado, pero en el cual cada una de las personas que participan contribuye a su evolución. Desde cualquier participante o desde cualquier situación que se dé en el colectivo puede llegar una dificultad, una crisis, una aportación, un conflicto, una solución. El Roure es, en cada momento, el fruto de la interrelación de dichos elementos, únicos, espontáneos y personales, en continuo movimiento sobre los pilares que definen el proyecto.




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