Sobre mi experiencia como Madre consciente,
en el Roure-Heura
Encarna Medina

 

NOTA: He pedido a Encarna si le apetecía escribir sobre su experiencia como madre de un adolescente (David) durante su paso por l’Heura con una mirada actual. Ha tenido la generosidad de escribir estas palabras. Gracias Encarna.

Paco.

El Roure y concretamente mi relación con l’Heura, ha significado para mí como madre, una comprensión profunda de lo que es acompañar el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos, desde la libertad, el amor y la absoluta confianza de que nuestros hijos llegan a este mundo con un BUEN CAMINO trazado que son capaces de tejer por sí mismos, si son escuchados y apoyados como debe hacerse; y es “ese” mismo camino y no otro, el que nosotros debemos Re-aprender a acompañar.

 

La tarea como padres educados en un sistema tradicional no fue fácil: Romper con nuestras creencias limitantes incluso “perversas” de un sistema educativo y unos padres que nos educaron lo mejor que pudieron/supieron para competir, sobrevivir, figurar, representar el SER que seguro no estábamos llamados a desarrollar, nos sitúa hoy como padres y madres en un lugar crítico y exigente de TRANSFORMACIÓN profunda, hacia una educación libre, consciente y amorosa.

 

Como madre afrontar el reto ineludible de SER quien verdaderamente eres HOY para acompañar al maravilloso SER que has parido, ha sido para mí un regalo inesperado y muy retador.

 

Sí y sí, yo volvería a pasar por la experiencia rouriana-heurenca.

Con lo aprendido claramente planificaría mucho mejor las finanzas familiares y la gestión del tiempo, teniendo en cuenta que para un mayor sosiego y equilibrio del acompañamiento, recomendaría que uno de los progenitores, pueda elegir volcarse en el proyecto-acompañamiento sobre todo para las etapas anteriores a l’Heura (La Ginesta, Els Cirerers)

L’Heura es para mí el mayor reto que El Roure tiene frente sí.

Nuestros adolescentes necesitan un millón de espacios como l’Heura. Necesitamos pues padres y madres, madur@s, capaces y valientes para entregarse en cuerpo y alma a ese sorprendente proceso que significa el duelo de dejar la infancia para transitar hacia el florecimiento de la pubertad-adolescencia.

 

Animo a las personas que se sientan “llamadas y tocadas” por el proyecto El Roure a tomar consciencia de la gran y milagrosa labor que se ha hecho y se podría seguir haciendo desde la etapa d’Heura, para reflexionar sobre la posibilidad de pasar a la ACCIÓN e invertir tiempo, energía y dinero en un proyecto que se pueda o no, nuestros adolescentes necesitan, para poder elegir un camino de amor y consciencia, que con mayor dificultad van a encontrar en un sistema tradicional que todavía no ha hecho los deberes, para acoger el florecimiento de la juventud como merecen nuestros hijos.

 

Mi hijo David, quien estuvo en l’Heura tres años, hoy en día es un joven de 16 años, que afrontó cuarto de eso con valentía y capacidad, tras haber abandonado el sistema tradicional. Él descubrió en El Roure el bello SER que siempre fue. Lo acompañaron personas excelentes que pusieron toda la carne en el asador. El resultado no pudo ser mejor. Hoy David sigue su camino con determinación, avanzando, creciendo de forma autónoma y con confianza en sí mismo y la vida: Yo como madre doy las gracias por aquel día en que “una luz” me movió a hacer una llamada.

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