Relato viajero

SE SUPONE QUE NADA HAY MÁS FÁCIL QUE NO HACER...Y SIN EMBARGO, CUANTO ME CUESTA. 

UN DÍA MI ABUELA JULIANA ME DIJO:

"TU NACES Y TE DAN UN PAPEL EN BLANCO, AHÍ VAS APUNTANDO TODO LO QUE HACES Y CUANTOS MÁS AÑOS VIVAS MÁS LARGA SERÁ LA LISTA. CUANDO ESTÉS A PUNTO DE MORIR, ESTARÁS ORGULLOSA DE TU LISTA Y PODRÁS IRTE TRANQUILA". 

 

YO LA MIRÉ ESTUPEFACTA. A MÍ ME FASCINABA EL BLANCO DEL PAPEL, TAMBIÉN DIBUJAR LÍNEAS QUE NUNCA SABÍA QUÉ MOSTRARÍAN Y SOBRE TODO, LO QUE MÁS ME GUSTABA, ERA EL CREPITAR DEL PAPEL CUANDO LO ARRUGAS CERCA DE LA OREJA.

Pensaba en todas esas líneas que ahora se estaban abrazando sin remedio, creando mundos nuevos, ajenos a mí y a mi deseo de abrazos. Y más allá de “mis” líneas, pensaba en las arrugas que se formarían, que nada tenían que ver con mis deseos, que se creaban solas y guardaban sus propios secretos y confesiones. Y estiraba de nuevo el papel, como quien abre un regalo inesperado y misterioso, en el que había participado sin una intención concreta solo porque me gustaba el crepitar del papel cuando lo arrugas cerca de la oreja, casi tanto como me fascinaba la hoja en blanco, o las historias que cuentan las arrugas. 

Añorando el contacto, el del abrazo, el del lápiz y el papel, el de las cuerdas al desgranar un acorde, el de sus ojos de mirada dulce. En qué rincón oscuro se habían agazapado los ojos de mi abuelo, crepitando en su habitación solitaria. Seguramente sus manos arrugadas estarían trazando algo amarradas a un lápiz, o moldeando algo en la plastilina que le llevé el último verano para que añorara menos el barro. Como una criatura que simplemente juega, ajena al mundo.

Muchas veces me descubría pensando qué otras cosas podría hacer con ese papel en blanco que nos daban al nacer. Me olvidaba de apuntar en él lo que hacía, como me había dicho mi abuela Juliana. Llegaría al final de mi vida sin estar orgullosa de mí? De lo que no me olvidaba era de trazar líneas. Cualquier trozo de papel era un escenario para crear una danza de líneas. Algunas veces esa danza era ajena a mí, otras me sumergía dentro de ella. Las líneas me recibían, sostenían, cobijaban, me querían. Rodeada de ellas me unía a sus movimientos. Aunque en el papel parecían inmóviles yo sabía que tenían vida propia. Tanta vida, tanta sabiduría poseían, que me regalaban mensajes sutiles. Como mi abuelo, que me abrazaba y transmitía la serenidad de su sabiduría mientras le acariciaba sus manos llenas de arrugas. Como las arrugas del papel que crepitaba cerca de mi oreja.

 

Cuánto extraño a mi abuelo Pedro! 

Vale, vale, ¡CORTEN!, gracias a todos, sobre todo a ti. Bebe algo, relaja despacio… ¿Necesitas algo? Sí, sí, soy plenamente consciente. Es una escena muy compleja, 11 minutazos de monólogo introspectivo que requieren magia para mantener la atención. Oye, te dejo descansar…, vengo en… ¿No? ¿Seguro? De acuerdo. Nada que no sepas: hay varios momentos en que la pierdes, sí, a Janis... Se te va lejos, muy lejos y se nota en cámara. Recordemos el contexto: estamos en la escena 25, minuto arriba-abajo, en mitad del metraje. Las espectadoras no lo saben pero Janis, está a punto de... ya sabes, de cometer la acción central de la trama y claro, cambiar su vida. Será en la 26. Esta, la 25, es esencial por varias razones, pero la función más importante es la de captar la atención proyectada en lo que pasará y ponerla repentinamente en quien es y en quien fue, a través de la alegoría del folio en blanco y la infancia… Así, al acabar el monólogo, la espectadora se queda con un poso de varias preguntas flotantes (yo les llamo “preguntas corcho”:) que de una forma u otra deben ser respondidas. Como... ¿Cuándo he dejado de ser translúcida? ¿Partió un barco de mí, llevándome? ¿Cuál es el sentido último...? Y de ahí, justo de ahí, emerge la 26. En fin, creo que ya sabes por donde voy, que sintonizas la frecuencia dramática…

Te propongo coger el toro por los cuernos y rodar ya la 26.  A lo blanco por lo blanco y a lo oscuro por lo oscuro. Volveremos a la 25 tal vez mañana. ¿Quieres unos minutos o nos ponemos ahora? De acuerdo, como prefieras.

Preparad el montaje de la 26, rodamos en 15 minutos.

Y ahora, unos minutos para los entretenidos anuncios de nuestros queridos patrocinadores. Dentro publicidad! 

 

Per on anàvem? Ah, sí, el paper en blanc, la abuela Juliana, els acords d’una guitarra i un tros de plastilina per evocar el fang... El crepitar del paper quan s’arruga... I tot allò que no he estat capaç d’escriure-hi i que em porta a pensar que, potser, quan em mori, se’m farà evident que no he estat ningú. No podré estar orgullosa de mi mateixa. Perquè em costa escriure. Perquè estic més en un moment de des-escriure’m. Desfer lentament la troca de la meva vida, la memòria dels meus dies, llegir-hi els nusos, tocar-los mentre se’m dibuixa un somriure als llavis que recorden. I, a poc a poc, traçar un nou relat per la meva vida, per reinventar-la i narrar-la de nou; un relat que conti la vida que no he tingut, els camins que no he caminat, els petons que no he fet; un relat que inventa una llarga llista per anotar en el paper en blanc de l'abuela Juliana i que farà que, quan arribi el darre lè, pugui estar orgullosa de la vida que, un dia, vaig decidir re-escriure'm.

 

Autores: Begoña, Pati, Belisana, Cecilia, Valenciana_83, Borja, Mireia.